Anécdotas
DrC. Juana Lidia Orille Azcuy. Fundadora, Profesora de Mérito, Profesora Auxiliar del ISP”Enrique José Varona”. Alumna de la Escuela Normal para Maestros de La Habana (1939-43). Anécdotas hay muchas, hubo momentos en que llegado fin de año acostumbrábamos los que trabajábamos en la escuela anexa al Pedagógico, a celebrar siempre con un almuerzo, una manera festiva y decidimos hacerlo en lo que se llamaba la Alta Cocina de Tropicana, pero coincidió que la Dra. también había ido a almorzar ese día con otros compañeros del Pedagógico y se insumió al grupo de nosotros, de los maestros, de allí surgió una idea y fue la de celebrar un almuerzo pero no con tanta formalidad, no en un restaurante sino a campo traviesa como pudiéramos decir y de allí surgió enseguida la conveniencia de hacerlo. Un compañero de la Facultad de Matemática, ofreció una especie de finquita en Bacuranao donde vivía su familia. Entre todos nos pusimos de acuerdo, unos pusieron los plátanos, otros el arroz, en fin cada cual lo que pudo. Pero por qué te hago la anécdota, porque ella dijo enseguida que quería ir, nosotros pensamos ya la cosa es distinta, porque ya no es en un restaurante y efectivamente. Tenía un compromiso serio para ese día, era la boda de la hija de un gran amigo, pero aún así ella fue. Dijo que se tenía que ir a las cuatro, pero allí estuvo, hubo que sentarse en cajas de los refrescos, donde cada quien pudiera. Yo estaba muy preocupada por llevarle unos cubiertos y demás como es natural y me la encontré sentada en una de las cajas de refrescos comiendo y cogiendo su puerco con la mano. Es decir, como se atemperaba a las circunstancias en que estaba y aquello para nosotros fue una alegría enorme. Esa compenetración con sus trabajadores le hacían ganar más respeto, más confraternidad y todos nos quedamos un tanto porque temíamos que el protocolo aquel se iba a romper, pero no, ella se adaptó perfectamente. Esto te da la medida de lo grandiosa que era, siempre que había un acto, algo que tuviéramos los maestros, ella participaba, te debo reiterar que esa fue una característica de ella. Hay otra anécdota, estando en la Escuela Normal, no era la nueva, no era la de Amenidad, era la de Quinta de los Molinos, allá en Marianao, un caserón que tenía halcones de madera en el techo y lo que nosotros no sabíamos era que allí dormían murciélagos. Un buen día en medio de la clase de Matemática, a un señor de esos se les ocurrió, parece que se le hizo tarde y salió volando, imagínate todas las alumnas salimos corriendo del aula ante aquel murciélago, ella se mantuvo, nos hizo regresar, nos hizo coger el murciélago, que por cierto no fui yo, y dio la clase del murciélago en lugar de la de Matemática, nos explicó los beneficios que le aportaba al hombre aquel animal, etc. Pero eso no fue lo más importante, sino la lección que nos dio, que un maestro ante un hecho de ese tipo o de cualquier otro no puede dejar nunca que los nervios lo traicionen, porque tiene que ser siempre ejemplo en su aula y si ante una catástrofe es el maestro el primero que sale corriendo, que puede ocurrir con los alumnos. Y te hago la anécdota porque la recordé muchísimo cuando la explosión de “La Coubre”. Yo trabajaba en Regla, aquella explosión acabó con todos los cristales de la escuela que yo dirigía, imagínate si ante una cosa como esa todos los maestros salen corriendo y dejan a los niños. Es de destacar como ella le sacaba partido a cualquier hecho, a cualquier evento, para darnos siempre una lección de profesionalidad.
|